El despertar V (Final)

Para en seco, con el corazón a punto del infarto, el pecho al galope… ¡Le ha sonreído a él! ¡A ÉL!

Se deshace de gusto en medio de la lluvia, con una expresión de penosa felicidad agradecida.

Se da cuenta de pronto del vacío en la esquina, de su ausencia y en un esfuerzo último, calado hasta el alma, con la ropa pesada y chorreante, los zapatos chapoteando en el barro, corre tras su musa y dobla también él la esquina.

Nada. ¡NADA! usca desolado por todas partes. Parece un sabueso que ha perdido el rastro.

Afina el oído.

Oye el sonido de las gotas de lluvia que golpean, golpean…Algo más…Quizá…Un taconeo lejano.

Se le ilumina la cara. Sigue el rastro sonoro a través de la cortina de agua. Divisa una figura…Un paraguas.

¿Es ella?…Parece ligeramente distinta, aunque realmente no consigue verla bien a través del agua .¡Maldito Diluvio!

Se acerca…Se acerca… ¡La tiene a un paso! Se oye una música que le es familiar…Toca su hombro…Ella se vuelve. ¡DIOS!

Ella…no es ella. ¡¡¡¡¡¡Es ÉL!!!!!!!. ¡¡EL ENERGUMENO!! Su compañero de piso. ¡Es una pesadilla!

El joven emite un aullido agonizante, prolongado, de animal aterrado y herido mientras la oscuridad engulle tan espantosa imagen.

Y su grito, espeluznante y gutural, va muriendo en un silencio absoluto.

Silencio y tinieblas. Hasta que de pronto EL APOCALIPSIS, EL CAOS, EL HORROR, EL DESPERTAR en la vorágine de la música (Si es que se la puede llamar así) atronadora y diabólica, de su diabólico , insensato e impresentable compañero de piso.

El joven se incorpora aturdido, con el corazón al galope, la angustia en la garganta y el sudor empapándole el cuerpo.

Se golpea la cabeza con la litera de arriba…No está confuso…¡ESTA FURIOSO!

Intenta encender la luz y derriba la mesilla de noche y la lámpara, todo…

Esto le suena. La adrenalina empieza a correr como loca por su sangre.

Su respiración se agita.

Se levanta. Se le enreda la sábana en los pies y cae sobre la alfombra…

¡Hoy va a suceder algo terrible! Seguro.

A gatas, en una posición algo más que ridícula, consigue llegar al interruptor, mientras aquella música surgida de los infiernos sigue martirizando sus saturados oídos.

Va a la sala.

El Energúmeno mantiene un duelo con la gravedad, borracho y semiconsciente sobre el sofá, en una postura casi imposible.

El joven ha perdido su capacidad de asombro.

Observa a aquel símil de ser humano fijamente, un segundo, con los ojos cerrados en una rendija homicida.

El pobre desgraciado, sumergido en sus vahos etílicos y en su caos mental, con las neuronas atrofiadas y presas en el estruendo que sale de los cascos, no parece enterarse de nada.

El joven no lo puede remediar.

Con la mirada clavada en el durmiente, deja escapar un alarido salvaje y animal y en un impulso visceral, mecánico, se abalanza contra en Energúmeno mientras la música sube, sube , adueñándose de todo.

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El despertar IV

Está lloviendo.

Se plantea subir a por un paraguas. ¡Ni hablar! ¡Cualquiera sube con el mal fario que parece que le ronda!

Decide correr hasta el quiosco.

En el paso de peatones, una amable señora le ofrece la protección de su floreado paraguas. ¡Algo bueno! Le sonríe.

En la espera, un coche a toda velocidad, deja su estela en un charco y salpica de lodo y agua al joven y a sus vecinos.

¡Es la gota que colma el vaso!

El joven no cree lo que le pasa.

Está calado hasta los huesos, sucio, dormido… ¡Cabreado! ¡Cabreado!

Mira al cielo encapotado y húmedo para empezar a insultar a los santos por orden alfabético y entonces…LA VE…

Al otro lado, en la otra acera, una mujer increíble, con formas sugerentes, ojos fascinantes, labios besables, tiernos y caminar de junco, flota entre la gente como un ser celestial. Es sencillamente un ángel.

Medio sonríe. Seguro que ha tenido un despertar mejor que el del joven.

El semáforo sigue en rojo, impidiéndole, obstinado, acercarse a semejante maravilla.

Decide cruzar sin esperar el cambio a verde, y con la vista puesta en el ondulante caminar de la musa, sus pies comienzan a recorrer el embarrado asfalto.

Frenazos…Insultos de los conductores enfurecidos…Hipnosis total.

No ve nada, no oye nada más que el taconeo de las botas de ella contra el mojado pavimento.

El morro de un coche le golpea.

El conductor se baja y se dirige a él con evidentes instintos criminales.

¡Qué malas son las mañanas de lluvia para el tráfico!

Él se disculpa y se zafa del mortal abrazo en pos de la mujer de sus sueños que está a punto de doblar la esquina. ¡NO LO HAGAS!

Solo lo ha pensado, pero corre, corre hacia ella esquivando coches y viandantes.

No quiere perder el contacto visual con ella…No puede.

Ella se acerca irremediablemente a la esquina, con su impresionante silueta recortándose con descaro contra el edificio de enfrente.

Él jadea y corre sin dejar de mirarla.

Ella gira…Pero antes de hacerlo, le mira coqueta por encima del hombro levantando apenas el paraguas, le guiña un ojo, le sonríe…Desaparece.

Cuenta cuentos doble en la librería Sueños & Papel de Arroyomolinos

¡Buenos días Papás Novatos!

La Bruja Calamidad estuvo el sábado en Arroyomolinos, en la librería Sueños & Papel.

Es una librería preciosa. ¡Tienen de todo! (La perdición para los adictos como yo a los libros, a las manualidades, a los lápices de colores, a los bolis…. )

Los cuenta cuentos estuvieron divertidísimos. Tuvimos que hacer dos turnos porque los niños no cabían en uno solo.

Niños, papás y abuelos  participaron un montón, escucharon el cuento super atentos y se lo pasaron fenomenal haciendo los títeres con calcetines.

Mil gracias a Cristina, la dueña de la librería, por todo y a Laura, Sandra (La ilustradora del cuento) y Susi, por su ayuda.

Os dejo una fotitos.Fachada papelería Librería Mostrador Rincón Sueños&Papel 1 Sueños&Papel 2 Sueños&Papel 3 Sueños&Papel 4

El despertar III

Se viste y sale a comprar el periódico.

El ascensor, averiado desde hace días, le invita a ejercitar sus músculos bajando a pie los siete pisos que le separan del amado asfalto.

Ya queda menos…Tercero…Rellano…Segundo… Rellano…Sofá…¡SOFA!…

Inexplicablemente hay un mamotreto de Dios sabe qué siglo en medio del primer rellano.

Dos hombres lo portan como si fuera un Paso de Semana Santa.

La verdad es que el tamaño del mueble recuerda tales altares flotantes.

El joven intenta sortear el obstáculo sin éxito.

Le tienta la idea de saltar por encima de los hombres, del sofá y escapar de tanto contratiempo, pero se contiene…Ha de subir.

Comienza a desandar lo andado, despacio , al ritmo de los Penitentes de las Mudanzas.

Reza porque el destino de tan horroroso asiento sea próximo.

No hay suerte…sexto piso y subiendo…Séptimo …Rellano…Octavo…rellano…¡Por fin!

El mueble desaparece milagrosamente tras una puerta.

Coge aire y baja casi corriendo todos los escalones doblemente transitados (Por si acaso)

Ya en el bajo, los técnicos del ascensor retiran con una sonrisa condescendiente el cartel de “No funciona”

Instintos asesinos…Ganas de agredir a alguien…Agujetas en los muslos…

Prevalece el sentido, a veces un poco idiota, de la urbanidad

El despertar (II)

Pone a calentar la leche y se prepara una tostadas.

En su somnolencia, aun adherida a los párpados gandules, perezosos y pesados, unta generosamente de mantequilla y mermelada las rebanadas de pan y sin más, las introduce en el tostador.

Mira el aparato sin verlo realmente, sumido en una especie de ensoñación, transpuesto, perdida la mirada en el extraño humo que sale del pequeño artefacto, hasta que un clic en su cerebro, le hace darse cuenta de que algo no va.

“Tostar primero, untar después” Capta, tarde, que el orden de los factores a veces sí altera el producto.

De las tostadas no queda sino una masa burbujeante, grasienta y pegajosa que pringa sin pudor toda la encimera.

Intenta limpiarlo sin mucho entusiasmo. Cerca, un susurro sospechoso, increscendo, llama su atención. Mira alelado y lo ve. Es la leche que crece, crece y se rebosa del calentador inundándolo todo con su impertinente blancura.

Huele terriblemente mal.

La leche y la mermelada calcinadas le quitan el hambre. Tira la bayeta.

Con el caos invadiendo triunfante la cocina y un sentimiento de derrota en el ánimo, el joven opta por darse una ducha.

Abre el grifo del agua caliente y la deja correr. Cuando los azulejos están completamente empañados por el vapor, se mete en la bañera, seguro de que el líquido elemento relajará su cuerpo y dará reposo a su espíritu.

Pero los Hados están aliados en su contra y la llama del gas, burlona como una lengua, poco a poco mengua hasta apagarse.

Se escucha desde el baño un grito aterrador, un lamento que recoge el sobresalto de cada poro al recibir sobre sí el agua gélida de las tuberías expuestas al frío del invierno.

Se quita el jabón como puede, tiritando y busca a tientas una toalla que, como siempre, ha olvidado.

Todas sucias, en una montaña que desafía cualquier ley física o metafísica, le hacen maldecir. Sale de la bañera desnudo, congelado, buscando algo con lo que secarse.

Definitivamente, no ha empezado el día con el pie adecuado.