Regálame

Regálame una rampa para subir a verte.

Regálame una puerta sin pestillos;

Regálame una casa sin pasillos;

Regálame un colchón para quererte.

 

Si pudiera llegar hasta tu boca…

Si pudiera subir los escalones

que separan mi cuerpo de tu risa loca…

 

Pero no puedo seguirte por la arena

ni buscarte cuando juegas a esconderte,

ni escaparme de esta silla que encadena.

 

Regálame pues tu voz, cuéntame un cuento.

Regálame una sonrisa iluminada.

Con la pluma que me des, haré una almohada

y dormiré mecido por tu viento.

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Quizá

Quizá no vuelva.

Quizá…

Quizá no importe tanto

quién soy, quién eres.

Quizá me aferre a lo que amo de ti

y lo demás lo postergue, lo evite,

como si fuera una maga

capaz de hacer desaparecer lo obvio

y por obvio, innecesario.

Quizá me deje mecer por el columpio de tu abrazo

y me escape cuando el abrazo se torne nudo.

Quizá me sumerja en el susurro del deseo nocturno

para huir al alba, cuando la luz descubra lo sórdido.

Quizá apure los segundos de cálida complicidad

que hacen detonar la rutina atrofiada del día a día.

Quizás te busque abriéndome paso entre el cardumen de gentes que te oculta.

Quizás me oculte yo.

Quizá