Mi papá

 

Antes de que yo naciera, mi papá no existía.

A mi papá le hice yo.

Antes, era un señor normal.

Ahora, parece un señor normal, pero no lo es. Es mi papá.

Mi papá ahora duerme con un ojo abierto. Vigila que todo esté en orden para que no me pase nada.

Y mantiene su radar activado, atento a cualquier mal sueño, dolor o fantasma que me ronde.

Mi papá es el chef de las papillas. Las prueba todas para convencerme de que están buenas. No es verdad. Algunas están horribles, pero me las como para compensar su esfuerzo.

Mi papá es un parque de atracciones. Me sube hasta el techo, me hace el avión, me deja saltar en su cama y se convierte en montaña por la que escalo y tobogán por el que bajo.

Mi papá es sabio. Conoce muchas respuestas a mis muchas preguntas y las que no sabe, las busca para poder explicármelas. A veces, mira en libros y otras, en algo que él llama San Google.

Mi papá es un contador de historias. Algunas me las lee. Otras se las inventa. Baja la voz y en susurros, me lleva a los lugares más asombrosos.

Mi papá es especialista en casar mis calcetines. Porque mis calcetines, a menudo quieren estar solos y huyen de sus parejas, pero eso no es en absoluto práctico, porque yo tengo dos pies.

Mi papá mantiene una guerra abierta con el caos de mi habitación. Se pone su uniforme anticaos y coge sus armas. A mí el caos no me molesta. Pero él va recogiendo juguetes mientras repite: “Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio”, como si fueran palabras mágicas.

Mi papá ama las estrellas. Tiene un telescopio en el desván y me enseña a leer en el cielo.

Mi papá ama la música. Siempre hay música en su despacho, en la cocina, en el garaje… Música de todas clases. Jazz, clásica, étnica… Cuando suena algo de rock, mi papá baila por la casa haciendo el egipcio y yo le sigo por las escaleras.

A mi papá le gustan los animales. Tiene peces y ranas y construye acuarios y terrarios. Muchas veces, se queda mirando tras el cristal, observando. Me gustaría saber qué piensa.

Mi papá me hace reír y me abre caminos. A veces me da la mano para recorrerlos. Otras, deja que explore solo.

Mi papá aún no ha aprendido a tender bien la ropa, pero está en ello.

A veces, mi papá se enfada conmigo. Muy pocas… Pero cuando ve que tiro la toalla, que no intento ir más allá, que me rindo, que no busco otras maneras de resolver algún problema, se entristece y no me habla.

Él quiere que yo sea grande, que haga grandes cosas.

Yo, quiero ser como mi papá.

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