Audio cuento 37. La caja

Hola, hola, hola.

Este cuento que os traigo lo escribí hace tiempo. Va sobre una misteriosa caja. Estad atentos. Hoy es el  juicio contra el viejo pintor… ¿Su delito? Intentar abrir esa caja. 🙂

Os dejo el enlace justo AQUÍ. Espero que os guste

La caja

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17. La Casona de Colores

Se escabulle a La Casona de Colores.

Solo tiene que atravesar algunas callejas oscuras y pasar las vías con cuidado.

Ha estado allí muchas veces.

El anciano guardián le pregunta: “¿Dónde quieres ir hoy, pequeña?”

Y ella piensa, elucubra y decide al fin el lugar más disparatado, más distante o más hermoso.

Siempre hay billete para el destino elegido.

El anciano la acompaña por los largos pasillos con su libretita de piel; busca, rebusca, mira su libreta, comprueba el número… extiende su mano y ¡ahí está!

Se lo da, le indica su asiento, pegadita a la ventana y a la lumbre y se aleja silencioso como un gato.

El momento de partir lo elije ella. Solo tiene que abrir la tapa y comenzar a deslizar su mirada viajera por los raíles de letras que la llevan al sueño, al mundo fantástico o a la otra orilla.

Ella pone el verde de la hierba, las hojas de otoño, la nieve en las cumbres. Ella traza el perfil del bandido, el traje de la reina, el parche del pirata.

Puede ser cualquiera de ellos, o todos o ninguno. Puede parar la historia, replegarse como los cangrejos o avanzar a galope veloz. Cuelga de la pluma del Mago de las Letras y es una gota de tinta convertida en estrella, o en barco o en batalla…

Es posible que llore o que su risa estalle, que se emocione y palpite con un beso o que se sienta justiciera

Hay paradas obligadas en este viaje de ilusiones. La hora de volver a la rutina, la cena ineludible… Burbujean las ganas de seguir, el aguijón de vivir otro momento… “un poco más…”

“Mañana, pequeña…Ven mañana…” Devuelve reticente el tesoro hasta el siguiente día en que vuelve a La Casona de Colores más apresurada, más impaciente.

El viejo guardián no pregunta. Tiene ya su billete al mundo de los sueños preparado. Brinca con él a su lugar junto a la lumbre y la ventana y devora kilómetros  de ilusiones y aventuras hasta que la palabra FIN la deja desmadejada y satisfecha.

Solo queda elegir otro destino.