Audiocuento 31. Caperucita Roja

Hola, hola, hola. Os traigo para Semana Santa una adaptación del súpermegarchiconocido cuento de Caperucita Roja. Este cuento popular de tradición oral, ha sufrido toda suerte de venturosas y desventuradas versiones. La mía es una adaptación de la de los hermanos Grimm.

Espero que os guste. Os dejo el enlace justo AQUÍ

Caperucita

¡Feliz descanso!

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El lobo (3)

Apareció su figura menuda y colorada llenando el marco de la puerta.

“¿Y mi abuela?”

“Ni idea”

Había una nota apoyada sobre un jarrón lleno de flores marchitas. La niña la leyó.

“¡Se ha ido!”

¡Pobre abuela! Aquella anciana se pasaba los días sola, esperando alguna tarde al mes una merienda que no llegaba hasta la hora de cenar y cuando llegaba, lo hacía acompañada de la incesante y hueca conversación de su nieta y sus cánticos discordantes. Estaba cansada.

Había decidido hacía semanas irse a una residencia a la ciudad, a bailar por las tardes y a hacer viajes a Benidorm.

La niña empezó a hacer pucheros de nuevo y a hipar y a dar alaridos salvajes en medio de una llantina inacabable. Tanto alboroto atrajo a un cazador que se iba ya a su casa descorazonado por la ausencia de presas que cazar. No había encontrado ni una ardilla. No entendía qué pasaba en el bosque hasta que escuchó a Caperucita en pleno berrinche.

El lobo no sabía qué hacer. Se veía ya muerto y enterrado. Corrió a esconderse y terminó enredado entre las mantas de la cama de la abuela. Se quedó muy quieto, casi sin respirar, espiando lo que sucedía allí.

La niña no dejaba de chillar. Se acordó del lobo y empezó a buscarle.

Por más que el cazador le preguntaba a la chiquilla qué era lo que le pasaba, Caperucita no podía más que farfullar entre hipo e hipo “Se ha ido…¿el lobo?…cogía setas…la abuela…”

Total que el cazador, atando cabos, dedujo que el lobo se había comido a la abuela y se había marchado mientras la niña cogía setas.

Y así se hizo la historia…

Pensó el hombre que no podía volver a su casa sin haber disparado siquiera su escopeta, y la excusa de cazar al lobo zampa abuelas era bastante buena, así que se marchó por el sendero disparando a diestro y siniestro a una fiera imaginaria. Ni siquiera su mujer le reprocharía no llevar un triste conejo a la mesa cuando había salvado a una niña indefensa del lobo feroz.

El lobo (2)

Estaba perdido. Tenía que pensar algo para librarse de aquella mocosa y comérsela, después de todo, empezaba a ser una opción…

“Está bien, está bien. Vamos a coger setas. Y para poder coger más entre los dos, tú irás por aquel camino y yo por ese otro, que es más largo y demasiado oscuro para una niña como tú. Nos encontraremos en casa de tu abuela”

Los hipos y los chillidos cesaron como por arte de magia.

“Muy bien, lobito, vamos a cantar. Te veo dentro de un rato”

Y se fue dando brinquitos y chillando algo parecido a una canción, mientras su voz estridente se iba alejando hasta perderse devolviendo el silencio al bosque.

Lo cierto es que el camino que le había indicado el lobo a Caperucita era mucho más largo y tardaría un tiempo considerable en recorrerlo. Esperaba el pobre tener suerte y poder cazar algo comestible mientras mantenía alejada a la niña. Realmente tenía hambre, pero parecía que todo viso de comida apetitosa andaba escondida en sus madrigueras. A lo mejor la abuela tenía alguna gallina o algún conejo. La idea hizo que apresurara el paso. El camino desembocaba en un claro del bosque en el que había una cabaña de madera. Alrededor había un huerto, pero todo estaba seco. Hasta los setos de flores, que parecían haber sido hermosos alguna vez, semejaban esqueletos espinosos sin apenas hojas.

La curiosidad sustituyó al hambre. Las abuelas suelen ser muy cuidadosas con sus plantas.

Dio una vuelta alrededor de la casa esperando encontrar algo más que abandono. Nada de nada.

Empujó con las patas la puerta semiabierta y encontró la misma desolación que fuera. Husmeó en la cocina por si había algo que comer. Solo mendrugos de pan mohoso, alguna patata…¡Qué fracaso de día!

Andaba aun perplejo, cuando la voz aguda y desafinada de la chiquilla le sacó de sus cavilaciones. Casi se había olvidado de ella.

EL lobo (1)

El lobo salió de la lobera con un hambre de mil demonios. Ni recordaba cuándo había comido la última vez.

Acechaba entre los arbustos buscando algún conejo perdido, pero sabía que a esa hora de calor sofocante y polvoriento, ningún ser peludito y jugoso saldría de su madriguera. Lo intentó de todos modos. Montó guardia un rato agazapado, entre esperanzado y aburrido…Nada. Ni siquiera las hormigas salían de sus hormigueros a buscar semillas.

Se iba a levantar ya para dormir sus hambres en la lobera oscura cuando escuchó algo…Pasos…La boca empezaba a hacérsele agua. Escuchó un poco más… Pasos que se acercan…Iba a saltar sobre la que creía su comida pero se quedó oportunamente petrificado. ¡Qué fatalidad! ¡Era Caperucita! De pronto se le quitó el apetito, cerró la boca y cayó pesadamente sobre el suelo. ¡¡¡¡Era ella!!! ¡Qué desastre! Si había existido alguna oportunidad remota de cazar algo, se acababa de esfumar de golpe. Aquella odiosa niña vestida ridícula y eternamente de rojo se había convertido en una pesadilla. Hacía tanto ruido y cantaba tan mal, que todo bicho viviente salía disparado hasta que ella se marchaba. Se la hubiera comido…Sus tripas le susurraban, como la mala conciencia “Cómetela” Puaj, ¡Qué asco! Los humanos le revolvían las entrañas, pero esta enana con caperuza roja le subía la tensión, hablando, hablando, hablando, y lo que era peor, cantando. Comérsela hubiera sido un acto de caridad para con el bosque, pero estaba casi convencido de que si lo hacía, aquella voz chillona y parlanchina, inevitable, interminable, insoportable, sonaría dentro de él de por vida.

-“Hola lobito” -Le había visto. Y encima no demostraba tener ni el menor respeto por su bien merecida reputación de depredador salvaje.

-“Hola lobito”

-“Hola” Saludó el lobo con desgana. Pero inmediatamente se arrepintió. Ahora nada en el mundo la haría callar.

-“¿Qué haces? ¿Por qué estás aquí? Tengo que ir a ver a mi abuela, pero tengo un rato libre. Podemos ir a cazar gusanos o saltamontes. ¿Quieres recoger setas conmigo? ”

-“¡Pues claro que no! ¿Dónde se ha visto que un lobo feroz recoja setas?”

La niña le miró con cara de puchero. Empezó a hipar y de pronto cogió aire y soltó un alarido lastimoso que retumbó en todo el bosque. A ese siguió otro y otro. Ni siquiera todos sus lobeznos hambrientos habían hecho nunca tanto escándalo. Si aquella fábrica de ruidos no se callaba, lo más probable era que llegase un cazador y le metiera un tiro a él en las costillas por no haber querido coger setas.

Capítulo 22. ¡¡¡Que viene el Coco!!!

¿Qué Coco? ¿¿¿¿¿¿Qué Coco????? ¿Y el hombre del saco? ¿Qué me decís del hombre del saco?

Por favor, por favor, analicemos esto:

“Duérmete niño,

duérmete ya.

Que viene el coco

y te comerá.

¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿??????????????????????????

¡¡¡¡¡Pero cómo se va a dormir!!!!! Lo menos que puede ocurrir es que el pobre niño no pegue ojo acechando en la oscuridad al Coco ese.

Buscando, buscando, he encontrado una lista bastante extensa de asustadores infantiles en todas las culturas. (Nada menos que 519 según la página que os dejo aquí por si alguno quiere echarle un ojo: http://encina.pntic.mec.es/~agonza59/lista.htm).

Para que os hagáis una idea, os muestro a continuación algunos ejemplos de asustadores internacionales:

Los niños del Este (Rusia, etc…) son debidamente aterrorizados por Baba Yaga, una vieja horrorosa, con dientes metálicos y nariz azul obsesionada con la juventud eterna (que obviamente no consigue)

En Inglaterra, tenemos, entre otros a Bloody Bones (Huesos sangrientos)

En Suíza, el Krampus es el enemigo de San Nicolas (Papa Noel)  y su apariencia es demoníaca. Es una especie de hombre del saco alpino.

En Alemania es muy famoso Struwwelpeter (Pedro Melenas) creado por Heinrich Hoffmann, aunque la verdad es que no es propiamente un asustador, sino un niño rebelde que hacía justo lo contrario de lo que se le mandaba.

En Perú, a Achikee, una bruja devoradora de niños.

El Tata Duende en la selva de Belice.

Hay muchísimos asustadores de niños en las culturas indígenas  (en todos los continentes)  pero no tenemos que irnos tan lejos. Aquí, en España, tenemos una colección extensa, variopinta y espeluznante de siniestros seres a los que convocamos los papás cuando no somos capaces de imponernos solitos.

El Coco, el lobo y el Hombre del Saco son comunes en toda la geografía peninsular pero luego, cada región tiene los suyos. Os dejo una pequeña muestra. En el enlace que os puse más arriba hay descripciones detalladas, algunas curiosísimas, de cada asustador. Aquí os dejo unos pocos ejemplos.

El tío Saín o tío Camuñas en Murcia.

Furtaperas en Aragón

El Bute en Andalucía.

Zamparrampa en León.

En Cataluña hay muchísmos (El Moro Muza, El Papu, El Caçamentidas, Betoni, Cul Pelat, Currucuca, el Pare geant, El Patracó, El Peirot, En Pelut, El Pisquí, Papasopas)

En Asturias no se quedan atrás ( El Bu, El Cortador, Rampayu, Rapeo, Perfeuto, El Papón, Paparroxu)

Parece que los padres necesitamos de estos ayudantes siniestros para reforzar nuestra autoridad. 519 asustadores conocidos nada menos, amén de los que seguro, seguro, cada padre se inventa para conseguir que el niño se duerma o se coma la sopa.

Yo no considero muy afortunada la idea de utilizar el miedo para conseguir que los niños hagan algo. Y menos con personajes que se los comen o les secuestran. La literatura está llena de personajes así, pobladores del lado oscuro, tenebroso; encarnaciones del mal. Y aunque apoyarse en ellos es un recurso que puede funcionar un tiempo, termina siendo contraproducente.

Es mejor tirar de la persuasión, de la autoridad, de la paciencia, del humor. Igual los resultados no son tan inmediatos pero a la larga, son más duraderos y evitarán que nuestros hijos tengan que acudir al psiquiatra cuando crezcan.