Audiocuento 38. SU y EL VIGILANTE AT 24.937.358

Hoy nuestra historia va de olvidos y enfados. La pequeña Su se olvida últimamente de todo. Las gafas, los deberes, la mochila… Su mamá le dice que algún día se dejará la cabeza en algún sitio. Y justo el día en que empieza esta historia, que es un sábado extraño y espantoso, todo el mundo acaba enfadado con ella por sus despistes. Si queréis saber qué pasa, tenéis el enlace al audio justo AQUÍ.

Su y el vigilante Et 24.937.358

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12. La madre

La madre mira a sus niños
con sus ojos de colores
con su sonrisa de nata.
Los niños, que juegan, juegan,
van montados en el viento
e imponen su movimiento
al espacio todo.
Los niños suben y bajan
mientras la madre vigila.
Hila y teje la vida sus tapices.
Y el barco Tiempo navega
por los mares de la historia
mientras la madre amamanta.

Capítulo 27. El fantasma de la bata blanca.

Solo hay una cosa en el universo capaz de poner de acuerdo a todos los niños de este planeta y de los aledaños: La aversión por médicos, enfermeras, practicantes y toda suerte de fantasmas de bata blanca empeñados en cuidar su salud a base de vacunas, jarabes asquerosos, auscultaciones frías y pruebas tontas como sacar la lengua o tocarse la nariz con el pie. (A mí me lo han hecho, juro).

Investigando para este post, he descubierto que este terror a los médicos se llama iatrofobia. Ya el nombrecito se las trae.

Casi todos los niños sufren en alguna etapa de su vida esta fobia, sobre todo cuando son bebés y su único contacto con los “fantasmas”, es doloroso. Vacunas, inyecciones, frío, manoseo, estiramientos imposibles, apreturas de tripa… Pocos padres se libran del espectáculo y del berrinche antes, durante y después de la visita al pediatra, que por mucho muñeco que tenga pintado en la pared, sigue siendo para ellos un torturador pincha traseros.

En una familia normal, y sin que haya una enfermedad grave o crónica, hay por lo menos dos o tres visitas fantasmales al año con sus consiguientes llantinas y griteríos:  Vacunas, catarros, gripes, caídas, lombrices, anginas, varicela, dentista, ingesta de objetos no comestibles (canicas, clavos, clics, pegatinas…). Ya ni os digo si nuestros pequeños son asmáticos, tienen alergias alimentarias (Celiaquea, alergia a la lactosa, al marisco…), dermatitis o cualquier otra enfermedad que precise de una atención fantasmal periódica.

Puede suceder que tengas que hacerle un electrocardiograma a tu hijo y le entre un ataque de pánico de tal calibre que su corazón se disparate anulando la prueba. No habrá aparato que consiga medir el latido despavorido de su corazoncito asustado.

Y si hay que sacar sangre, a veces ni con tres enfermeros fornidos consiguen sujetar a la criatura.

Afortunadamente, en casi todos los casos, a medida que crecen, van dándose cuenta de que la cosa no era para tanto y acaban comportándose,  sobornados a menudo por nosotros los padres, que ponemos la chuche o el premio como cebo para que el puchero no se convierta en alerta nuclear, mientras les tratamos como héroes y  campeones subiendo su autoestima y su valor.

Yo no soy muy de médicos. Desafortunadamente he pasado mucha parte de mi vida entre traumatólogos, hospitales, hepatólogos y más traumatólogos. Creo que tengo iatrofobia aguda. Pero voy, aunque me ponga verde y se me pare un momento el corazón antes de entrar a la consulta. Sé que voy a salir, seguro, con doscientas recetas y el mismo dolor, pero voy.

Intenté que mis hijos no sufrieran ese terror y les hice tooooodas las revisiones necesarias, les puse todas las vacunas ( les pinchaba una enfermera con complejo de torero) y creo que han superado las fobias a los fantasmas blancos mejor que yo.

Hay personas que no lo superan y demoran y demoran ir al médico porque su fobia a los médicos puede más que su miedo a la enfermedad. Y todo viene de la infancia. Del terror nunca superado a los fantasmas de la bata. Vigilad eso, papás novatos. Que vuestros hijos consigan no ver en su médico al mismísimo Lucifer. No es grato ir al médico, pero tienen que darse cuenta de que es menos grato estar enfermo. Lo mejor, hacer porque estén sanos.  Y si hay que ir al médico, quitarle la sábana.