Audio 34. El fabuloso pie de Fructu

Hola, hola, hola. Hoy os traigo una historia real. La historia de como Fructu y su fabuloso pie aprendieron a escribir. Me conmovió tanto cuando la escuché, que le pedí permiso a Fructu para contarla y aquí está. Ya la había publicado en el blog hace algún tiempo, pero ahora os traigo el audio. Espero que os guste.

Os dejo el enlace justo AQUÍEl fabuloso pie de fructu-1

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El fabuloso pie de Fructu

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Es posible que parezca que este pie es un pie corriente y moliente, igual a otros miles de millones de pies, pero en realidad, es muy especial. Sabe hacer un montón de cosas.

Fructu también es muy especial. Es el propietario de ese pie fabuloso.

Fructu no puede andar. Y tampoco puede usar sus manos. Tiene que ir en una silla de ruedas a todas partes. Pero no está triste porque tiene un don.

Lo descubrió cuando aún era pequeño.

Tenía muchas cosas que decir y a veces no conseguía hablar. Sus manos no tenían fuerza para coger un lápiz… y las palabras se acumulaban, se acumulaban dentro de Fructu y no podían salir de ninguna manera.

Fructu estaba tan lleno de palabras, que un día le llegaron a los pies. Le hacían cosquillas por dentro. Querían salir.

Entonces, el fabuloso pie de Fructu cogió un lápiz entre los dedos para intentar sacarlas.

El otro pie de Fructu estaba avergonzado. “Los pies no sirven para escribir” le decía a su gemelo. Pero el fabuloso pie de Fructu no hizo caso.

Practicaba día y noche. Era muy difícil. A veces salía todo al revés. A veces se cansaba y le entraban calambres. Pero Fructu y su pie habían hecho un trato. Tenían que aprender a escribir juntos por más duro que fuera y sacar todas esas palabras que se habían amontonado dentro.

Fructu miraba de vez en cuando por la ventana y veía a otros niños jugar al futbol. ¡Qué difícil es tener amigos cuando no puedes salir!

Le gustaría contarles a esos chicos todas las historias que él y su pie habían escrito. Pero los muchachos no tenían ni idea de que Fructu tenía cosas que contarles. Nadie sabía de su maravilloso don.

¿Cómo hacer llegar las historias de Fructu a los demás? Fructu pensaba… La mamá de Fructu pensaba… Merche, la hermana de Fructu, pensaba… Toda la casa estaba llena de ideas que se escapaban de las cabezas y se escondían por los rincones.

Y un día, la solución al problema llegó a casa de Fructu en una caja gigante.

Era un ordenador. Aquel cacharro era enorme. Ocupaba toda la mesa del comedor. Y aunque todos estaban entusiasmados con el aparato y le decían a Fructu lo maravilloso que era, a primera vista, Fructu pensó que no le iba a ayudar en nada. No podía coger el ratón con su mano, no podía teclear con sus dedos… Ni siquiera podía dictarle porque a veces le costaba hablar.

Le explicaron como funcionaba, los programas que tenía, cómo navegar por internet… Pero a Fructu no le hacía ni pizca de ilusión aquella máquina que él consideraba inútil y la dejó apagada durante varios días.

El fabuloso pie de Fructu miraba al ordenador desde la silla. Al principio con la misma desconfianza que su dueño. Luego con interés. Pensó mucho en todas las explicaciones que había oído sobre su funcionamiento y de pronto se dio cuenta de que aquello era justo lo que necesitaban.

Tiró de Fructu hacia el ordenador, pero Fructu estaba tan desalentado que no quería hacer nada. Volvió a tirar de él y consiguió mover su silla un poco. Otro poco. Otro poco. Hasta que al fin, logró poner a Fructu frente a la máquina.

El fabuloso pie de Fructu la encendió con cuidado. Recorrió el teclado con sus dedos. Una tecla, otra tecla, otra más. Recordó que había un programa para escribir y lo buscó.

Fructu no hacía caso de su pie. Le miraba distraído tocar el ratón y el teclado, pero no ponía atención.

Hasta que se abrió una página en blanco en la pantalla y el fabuloso pie de Fructu escribió “HOLA”.

Fructu se espabiló y miró las letras asombrado. Y asombrado miró a su pie y se empezó a reír. Y entonces, él y su fabuloso pie comenzaron a investigar y a aprender y a probarlo todo y escribieron, escribieron miles de historias que compartieron con miles de personas que conocieron a través del ordenador.

Y así fue cómo Fructu y su fabuloso pie, sin salir del salón de su casa, se olvidaron de la silla de ruedas y del cuerpo inmóvil y viajaron por todo el mundo, soñaron, descubrieron gentes, pueblos, ciudades lejanas, volaron, y atravesaron felices tierras y mares derribando una por una todas las barreras.

Basado en la vida de Fructuoso Gil, un guerrero valiente.

Fructu